Cómo recuperé una cámara rusa de los años 50

Os quiero contar una historia.

Una historia que comienza en 2003 cuando viajo por trabajo a la capital de Ucrania. Yo ya era aficionado a la fotografía, aunque mis conocimientos estaban cogidos con pinzas.

En Kiev pude disfrutar de sus calles y museos, entre gente amable que no podía imaginar, o tal vez algunos sí, lo que 20 años después les iba a ocurrir. Así que, ajenos a su futuro, paseaban entre sus muchos mercadillos callejeros donde ofrecían a los turistas las famosas muñecas matrioskas, las cajas lacadas, gorros e insignias de la cercana época soviética y… lo que llamó mi atención, cámaras fotográficas.

En un rincón de uno de los puestos, unas cámaras antiguas buscaban a quien quisiera comprarlas. Hace ya mucho tiempo y la memoria no es clara, pero creo recordar cámaras de fuelle y de medio formato, todas ellas a un precio que, incluso con el cambio, era demasiado para mi, así que me fijé en una pequeña cámara plateada, con forma parecida a las cámaras modernas, de marca desconocida para mi, Kiev, pero que me pareció muy propia como souvenir y era de precio más asequible. ¿Funcionaría? Quien sabe. Todo estaba en cirílico, pero bueno, aunque fuera de pisapapeles ya estaría bien. Vete a saber de qué año era y cuánto tiempo llevaba pasando frío y calor en un mercadillo callejero.

Camara kiev III

Ya en hotel, pude fijarme más en los detalles:

Rueda velocidad camara kiev III

La rueda de la velocidad

objetivo camara kiev III

El diafragma en el objetivo

Rueda de enfoque camara kiev III

La rueda de enfoque, una rueda dentada arriba a la izquierda del nombre de la marca.

fotometro camara Kiev III

Una ventanita para una especie de fotómetro

Tarjeta fotometro camara kiev III

Una tarjeta extraña, oculta en la funda, con un cuadro de coordenadas que no sabía cómo interpretar. Le pregunté a la traductora que viajaba con nosotros, pero no me aclaró demasiado. 

Y una rueda que debería ser para poner la sensibilidad del negativo y que junto con las otras escalas de la rueda sirven para calcular el triangulo de exposición, es decir, la relación entre sensibilidad de la película, velocidad del obturador y apertura del diafragma. 

La escala de velocidad parecía clara (no hay nada que pueda ser 1250 salvo 1/1250 de segundo), los dígitos de la apertura del diafragma salen por fórmulas matemáticas que tienen que ver con el diámetro del «agujero», por lo que ya eran como ahora ( 1,5- 2- … 11-16-22), pero la sensibilidad de la película se mide según unas reglas normalizadas para la fabricación de diferentes elementos, es decir, para que todos los fabricantes de una zona concreta construyan de las misma manera se establecen unas normas que deben seguirse. La sensibilidad de las películas que yo conocía seguían la norma alemana DIN o la americana ASA, que se representaban con números como 18, 21, 24, 27 para DIN y 50, 100, 200, 400… para ASA. Sin embargo, no encontraba esos números en la cámara por ningún lado.

rueda sensibilidad camara kiev III

Sí encontraba una ventanita con los números 8, 16, 32, 65… y la palabra ГОСТ al lado. ¿Qué era eso? Tardaría muchos años en descubrirlo.

parte de atras de la camara kiev III

Al abrir la cámara me llevé otra sorpresa ¿dónde estaba el eje donde se enrolla la película?

Internet a principios de los 2000

Muchos podéis pensar que eso se busca en Google y listo, pero hay que recordar que internet en el 2003 estaba en pañales. En esa época solo dos millones de españoles tenían internet en su casa, y el resto lo consultaban en su trabajo, en la universidad o en algún locutorio. Del móvil, evidentemente, ni hablamos.

Los módem iban por los cables de teléfono a una velocidad máxima de 56 kbps, se contrataban paquetes de minutos o bien se facturaba como una llamada local, porque sí, si estabas con el internet no podías hacer ni recibir llamadas por el muy usado aún teléfono fijo de casa.

Y, por supuesto, la información que se podía encontrar era escasa, con páginas feas, lentas y una navegación poco intuitiva.

Así que solo encontré, de forma muy somera, que, tras el fin de la II Guerra Mundial, los soviéticos que entraron en Alemania arramplaron con parte de la maquinaria de la industria que les interesó. En este caso, cogieron maquinaria y planos de unas cámaras fotográficas alemanas, las llevaron a Kiev e hicieron las mismas máquinas pero con su nombre. 

Así que sabía que debía ser posterior al final de la guerra, sobre los años 50, y que aunque tenía firma soviética, su tecnología era alemana.

También sabía que era bonita, pero que, sin la pieza para que el negativo expuesto se enrollase dentro de la cámara, no la podía probar. Lo intenté rompiendo un carrete moderno para usar la pieza interior, pero le faltaba la manera de enganchar el extremo del negativo y se soltaba, así que, sin mucho más que hacer, acabó en un cajón de mi casa durante 20 años.

Descubriendo los secretos de la cámara Kiev

Aunque llevo con una cámara en la mano desde los 11 años, nunca pasó de ser una afición que he cultivado de forma intermitente durante toda mi vida, pero sin invertir lo suficiente en equipo ni en tiempo… hasta el 2019. En ese momento, por cuestiones de la vida, me hice cargo de la parte gráfica de una revista digital. Tuve que ir a congresos, ruedas de prensa, manifestaciones… y pude adquirir un equipo en condiciones que me activó de nuevo el gusanillo de la fotografía.

Con equipo de calidad y toda la experiencia acumulada, empecé a conseguir buenos resultados con rapidez. Lo que no sabía lo aprendía con talleres y con información on-line. Internet ahora es una fuente de sabiduría accesible para todo el mundo como nunca antes en la historia humana.

En ese año, además, había recibido una Pentax KM de regalo en muy buen estado y, como aún tenía un montón de carretes en la nevera que nunca tiré cuando me pasé a digital, disparé algún carrete y, la verdad, me gustó bastante recuperar sensaciones.

Así que volví a sacar del armario mi antigua Nikon F80 y alguna que otra cámara antigua de poca monta que había caído en mis manos: Una Voigtländer Vitoret D, una Viking Vikinar, una Werlisa 2000… y la más valiosa de todas, la Kiev.

Tenía que conseguir poner en marcha esa cámara como fuese.

La verdadera historia de las cámaras Kiev y sus diferentes modelos

Ahora sí. Internet estaba a la altura de mis necesidades y al indagar un poco encontré una web con la historia completa de mi querida Kiev:

Tras la II Guerra Mundial, Alemania tuvo que pagar reparaciones de guerra en base al tratado de paz, entre ellas las famosas cámaras Zeiss Contax II y Contax III, coetáneas y competencia directa de las Leicas.

Gran parte de la maquinaria, planos e ingenieros de Zeiss fueron trasladados a Kiev, donde se empezó, no sin mucho esfuerzo, con la producción de las Kiev II y Kiev III, copias exactas de las Contax. La diferencia entre la II y la III es que esta última tenía un fotómetro de Selenio.

Sí, lo habéis adivinado. Mi cámara era por tanto una Kiev III, copia de una Contax III.

Y, por ciertos detalles, no es de las primeras, sino seguramente del año 1955. ¿Os acordáis de aquella extraña palabra ГОСТ en una de las ruedas? Pues en los primeros años ponía DIN, pues aun eran piezas alemanas.

A vueltas con el ASA/GOST

Bueno, pues ahí va otro descubrimiento. Esos símbolos cirílicos se leen GOST, y son la norma que adoptaron las cámaras soviéticas para la sensibilidad de las películas. Evidentemente no iban a usar la DIN alemana ni mucho menos la norma ASA de los americanos, por eso no había manera de saber a qué se referían hasta que no encontré una tabla de equivalencias:

ASAGOST
8
2016
4032
8065
160130
320250
640500

En cualquier caso, todas esas ruedas, solo tienen sentido cuando se quiere usar el fotómetro. Intentar explicar su funcionamiento en detalle es algo complejo, pero es un sistema tremendamente ingenioso. 

El selenio es un mineral que cuando recibe luz genera un poco de corriente eléctrica, la suficiente para mover una aguja en una escala. En este caso la escala es 2, 5, 10, 20 y 40. También hay un símbolo de diamante en la parte de abajo. Levantas la tapa, apuntas la cámara y mueves la rueda de la velocidad hasta que la aguja baje hasta el diamante. Si lo has conseguido, colocas la sensibilidad y eliges la combinación de velocidad/apertura que te marcan las ruedas.

fotometro camara Kiev III

rueda sensibilidad camara kiev III

Pero si hay poca luz y no consigues bajar la aguja, lo que tienes que hacer es multiplicar la velocidad de obturación por el factor que te marque, es decir, por 2, por 5, por 10… De esa manera, con una sola medición, puedes calcular el tiempo que necesitas.

tarjeta coordenadas camara kiev III

¿Os acordáis de esa tarjeta extraña con un cuadro de coordenadas? Pues no, no era para descifrar códigos de lanzamiento de misiles, sino una chuleta para no tener que hacer los cálculos. En X las velocidades y en Y el factor de multiplicación.

¿Cómo averigüe todo eso? Pues porque, aunque no encontré ningún manual de la KIEV, sí encontré varios de la Contax.

Bueno, ahora ya podía ponerme a probar si funcionaba ¿no? Pues no, porque seguía sin resolver otro problema: no tenía la pieza para que se enrollara el negativo dentro de la cámara, pero ahora también había una cosa que no existía en el 2003. EBAY.

Comprando en Kiev en plena guerra de Ucrania

No sabía muy bien qué tenía que encontrar, así que me dediqué a buscar accesorios de las cámaras Contax Kiev, y me salió un casette para el negativo. Sin darle mucha vuelta lo compré, pero cuando miré al comprador ponía que estaba en Ucrania. Era el 1 de marzo de 2023 y Rusia les había invadido en febrero del año anterior. Pagué sin mucho convencimiento de que me llegara, pero bueno, ya que no había colaborado mandando arroz o ropa, si se quedaba con mi dinero tampoco lo iba a reclamar.

Pero, para mi sorpresa, el pedido se puso en marcha y me fueron avisando de su avance. Se me hacia imposible pensar que el sistema postal de un país acosado por tropas enemigas pudiera funcionar, ya no con cierta normalidad, sino funcionar sin más, pero así fue, y exactamente un mes después recibí un sobre que aun conservo por todo lo que significa.

Pero fue otro de mis errores por desconocimiento. Lo que acababa de comprar era la caja donde se metía la película de 35 mm que se compraba por metros. En un cuarto oscuro, metías la película que necesitabas en este tipo de cajas que funcionaban como los carretes modernos, es decir, se metían en la parte izda de la cámara. Aunque intenté usar el eje interno, me pasó como cuando rompí un carrete moderno, la película no se enganchaba bien y se salía.

Pero no desistí.

Rebusqué de nuevo en EBAY y encontré, ahora sí, la pieza que necesitaba. Ya sí podía probar, después de 20 años, mi cámara traída de Ucrania, ¿seguiría funcionando correctamente? ¿Seguiría sellada o le entraría luz por alguna parte y se velaría la película? Aparentemente el obturador funcionaba, pero ¿lo haría correctamente?

Las primeras fotos de una cámara de hace 70 años

Sad Hill es el escenario del final de la película El Bueno, el feo y el malo, rodada en Burgos, muy cerca del Monasterio de Silos. Me pareció un buen escenario para probar la cámara. 

Usé el fotómetro de la cámara, aún sabiendo que era un riesgo, pues aunque el selenio todavía daba voltaje, podía estar tan gastado que fuera muy por debajo de lo necesario y eso podía dar errores. Lo raro es que, después de tanto tiempo, no estuviera ya completamente agotado.

Me costó mucho conseguir un enfoque correcto y muchas fotos salieron con alguna franja blanca. Podía ser que el obturador no estuviera del todo bien. En cualquier caso, la textura de las imágenes era increíble y demostraba que la tecnología de estas cámaras es sorprendente. Tras 70 años de su fabricación, 20 años en mi cajón y vete a saber cuántos en el mercadillo, sigue sirviendo para su función, capturar el tiempo.

sad hill

Sad Hill

Sad Hill

Un paso más. Hacer que la cámara sea completamente funcional

Pero no podía quedarme así, con fotos medio movidas y raras, sabía que esa cámara podía dar mucho más, y después de tantas vicisitudes, me lo debía a mí, y a la cámara.

Así que vi qué tres cosas habían fallado:

  1. el fotómetro. Había usado el de cámara para probar si aun funcionaba, pero, como era de esperar, no era muy fiable y algunas fotos habían salido quemadas.
  2. el obturador. Había a veces franjas muy claras y es cierto que el obturador sonaba demasiado. Es posible que con algunas velocidades no funcionara como debía hacerlo.
  3. el carrete. Había usado sin querer un carrete de diapositivas, que, aunque no es algo malo en sí mismo, sí es verdad que suele ser más contrastado y a mí, que apenas he disparado diapositivas, no me daba mucha confianza.

Como he dicho antes, yo había vuelto a disparar con mis otras cámaras de carrete, así que tuve que buscar un sitio de confianza donde revelar. Ese sitio fue Cuartocolor lab, en la calle Silva de Madrid. Ahí no solo revelaban, sino que vendían cámaras antiguas y modernas de carrete… y reparaban. Preguntando, me dijeron que conocían perfectamente las Kiev y la podían dar un repaso, así que no me lo pensé. Punto 2 solucionado.

Para el punto 1 estuve pensando en comprar un fotómetro de mano, pero en la misma tienda encontré una solución, un fotómetro exposímetro para cámaras vintage, pequeño y plateado que se camufla muy bien.

Resuelto el punto 1, y resolviendo el tema del negativo fijándome en el carrete que elijo, en este caso, un Kodacolor de 100 iso también comprado en kiev en las mismas fechas, lo tenía todo para darme un paseo por el retiro y, ahora de verdad, saber qué tipo de imágenes podía hacer mi preciada Kiev III. Por primera vez de su último uso hace 30 años o más, un producto de ingeniería y diseño alemán de los años 50, fabricada y ensamblada en la antigua URSS por los vaivenes de la historia de Europa, iba a volver a hacer aquello para lo que fue creada. Por fin cerraba el círculo empezado aquel soleado día de octubre en Kiev. Y este es el resultado: